7. El aprovechamiento ilegal: el trabajo de campo

 El trabajo de campo presenta otra oportunidad para comparar lo que está permitido por ley que ocurra (conforme a permisos y normativa) y lo que realmente ocurre, además de quién lo realiza. A pesar de que es un proceso de valor inestimable, como explicaremos más adelante, el trabajo de campo presenta riesgos de seguridad considerables que no existen en las etapas de investigación anteriores.

Resulta crucial recopilar y analizar tanta información sobre los permisos como sea posible antes de la etapa de trabajo de campo, a fin de tener una referencia con la que cuantificar la información obtenida sobre el terreno. Las pasos sistemáticos que deben haberse dado antes de que comience el trabajo de campo (comparación de los permisos con la normativa, consulta del contenido de los permisos y análisis de imágenes por satélite) garantizan que este cuente con la información adecuada y pueda planificarse con eficacia. Por ejemplo, si el análisis de los permisos indica que se han infringido obligaciones sociales, una de las prioridades durante el trabajo de campo consistirá en recopilar datos y testimonios descriptivos de las comunidades que lo confirmen. Si el análisis de las imágenes por satélite indica que se ha producido un desmonte fuera de los límites de las concesiones, una de las prioridades consistirá en visitar las zonas identificadas para obtener imágenes georreferenciadas del aprovechamiento. En la mayoría de los casos, como en estos dos ejemplos, el análisis previo ayudará a dirigir el trabajo de campo y también ayudará a los investigadores sobre el terreno a comprender e interpretar las pruebas que encuentren.

El trabajo de campo también presenta una oportunidad para cerrar brechas de información importantes cuando los intentos de obtener permisos o analizar imágenes por satélite no han sido satisfactorios. Si bien puede ser difícil o incluso imposible obtener permisos por los canales oficiales, a veces las comunidades cercanas a las actividades de tala están en posesión de dichos permisos y otra documentación pertinente.

Hay algunos tipos de ilegalidad que no pueden determinarse sin trabajo de campo. Este trabajo es esencial, por ejemplo, para obtener pruebas de infracciones operativas en las concesiones de tala selectiva, como el aprovechamiento de árboles de tamaño menor al permitido o de especies protegidas. En otros casos, las pruebas indicativas de ilegalidad que se encontraron en las etapas de investigación anteriores pueden reforzarse con las pruebas obtenidas sobre el terreno. Por ejemplo, si el análisis de las imágenes por satélite muestra un desmonte fuera de los límites de una concesión, con el trabajo de campo puede demostrarse que lo está llevando a cabo el concesionario y que la madera obtenida en el desmonte se está blanqueando como aprovechamiento «legítimo».

El trabajo de campo quizás sea el primer punto en el que hay un riesgo considerable de «sobrecarga de información». Mientras que la evaluación de los permisos y la normativa es probable que se vea dificultada por una falta de acceso a datos pertinentes, el trabajo de campo puede crear una avalancha de imágenes, vídeo, puntos de GPS, testimonios, más documentos y observaciones generales. Por eso, es esencial planificar, prepararse y definir los objetivos adecuadamente antes del viaje, al igual que es fundamental gestionar correctamente los datos durante y después del trabajo de campo.

 Planificación

Una diferencia palpable entre el trabajo de campo y las etapas anteriores de la investigación es que, mientras que obtener permisos y analizar mapas puede hacerse a lo largo de semanas o meses, el trabajo de campo se realiza en un breve espacio de tiempo y, a menudo, solo hay una oportunidad. En parte, esto se debe a la logística y los gastos de visitar zonas remotas y, en parte, a los riesgos que presenta. Pasar períodos de tiempo demasiado largos en las inmediaciones de zonas de tala no solo presenta riesgos para los investigadores sobre el terreno, sino también para las comunidades que pueden estar proporcionándoles pruebas o que tienen disputas con las empresas desde hace mucho tiempo. Cultivar la relación con informadores locales y hacer uso de ella será fundamental.

Por eso, el enfoque para planificar el trabajo de campo debe ser sistemático. Antes del viaje, deben tomarse tantas decisiones como sea posible: sobre el objetivo, el itinerario, la logística y la seguridad. Es inevitable que tengan que tomarse decisiones según surja información nueva y, a veces, esto puede conllevar una desviación considerable del plan original. Pero en ningún momento debe el proceso descontrolarse o cambiarse sobre la marcha. Entre los pasos fundamentales se encuentran los siguientes:

  • Identificar los tipos de ilegalidad para los que se necesita una mayor investigación a través de trabajo de campo, basándose en las etapas previas de análisis
  • Determinar qué pruebas se necesitan para respaldar las hipótesis y cómo pueden obtenerse
  • Determinar qué información adicional puede buscarse que pueda ofrecer indicaciones de otras actividades ilegales (no identificadas hasta la fecha)
  • Redactar un documento en el que se describan todas las posibles pistas que pueden seguirse
  • Crear un equipo de investigación, a poder ser que incluya personas con conocimiento de la zona y personas que puedan hablar la lengua local de la zona de interés
  • Usar mapas, imágenes por satélite y, si es posible, conocimiento de la zona para determinar el itinerario más apropiado por la zona de interés para agotar todas las posibles pistas

Lo ideal sería que se estableciera contacto con las comunidades locales u otras personas de contacto antes del viaje. La mejor manera de hacerlo es a través de un enlace con afiliaciones locales, que podría también hacer de intermediario durante el trabajo de campo. Los enlaces pueden ofrecer conocimientos del paisaje, los interesados locales, los riesgos y otras cuestiones logísticas que pueden contribuir a la planificación. Si no puede identificarse a un enlace de este tipo, el trabajo de campo debe realizarse siguiendo un enfoque progresivo: hablando con las comunidades y otras fuentes que se encuentren gradualmente más cerca de la zona de interés, consiguiéndose así información sobre las condiciones locales en zonas de menor riesgo.

En una situación ideal, es posible depender de las comunidades en gran medida para obtener información y que faciliten el acceso por toda la zona. Suponen una fuente incomparable de información sobre el contexto local y las operaciones de las empresas y son muy conscientes de los riesgos que existen. A menudo, pueden facilitar el acceso a las concesiones o hacer de guías por los bosques. Sin embargo, implicar de cualquier manera a las comunidades en el trabajo de campo puede presentarles riesgos considerables. Mientras que los investigadores sobre el terreno abandonarán la zona de interés, las comunidades se quedarán y pueden sufrir represalias. Se han dado casos de activistas indígenas que han sido asesinados por personas que protegían intereses madereros, así que no debe subestimarse la gravedad de este riesgo. Cualquier acercamiento a las comunidades debe tener esto en cuenta.

También debe tomarse en consideración que algunos miembros de la comunidad estarán contratados por las empresas de tala o similar y que pueden tener una relación estrecha con la policía o el gobierno local.

En el itinerario del trabajo de campo deben identificarse los momentos en los que puede accederse a las aldeas y por qué rutas. También pueden identificarse posibles puntos de entrada a la concesión de interés. Tener una idea del tiempo que llevará el trabajo de campo, dejando suficiente tiempo para contingencias, ayuda a establecer un plan de mitigación de riesgos.

Recopilación de datos

Los datos recopilados durante el trabajo de campo pertenecerán, en líneas generales, a una de las tres categorías siguientes:

  • Pruebas escritas
  • Pruebas de entrevistas (testimonios)
  • Pruebas visuales georreferenciadas
Pruebas escritas

Las comunidades locales pueden aportar documentos. Como hemos comentado antes, es posible que hayan obtenido permisos u otros datos de las empresas que los investigadores no han podido obtener de otras fuentes. Lo más probable es que entre esos documentos se incluyan evaluaciones del impacto ambiental y contratos que contengan algún tipo de obligación social. Es posible que sea necesario tomar fotografías de estos documentos, dado que las comunidades querrán conservarlos. Las señales que hayan puesto las empresas también pueden ofrecer información útil.

Entrevistas

Las entrevistas semiformales o informales a las comunidades pueden ser un filón de información. Es posible que esta información de por sí proporcione alguna prueba de ilegalidad y no hay duda de que puede ayudar a dirigir las siguientes etapas del trabajo de campo. Estas entrevistas pueden, en particular, aportar un conocimiento más minucioso de algunas infracciones legales más complejas. Por ejemplo, las violaciones de los derechos de las comunidades a la consulta durante los procesos de evaluación del impacto ambiental o el incumplimiento por parte de las empresas de las obligaciones legales que adquirieron con las comunidades.

La necesidad de centrarse en estos tipos de ilegalidad debe definirse antes del trabajo de campo y las entrevistas deben estar guiadas por un claro entendimiento de qué testimonio respaldará las pruebas indicativas. En algunos casos, particularmente cuando el testimonio sea fundamental para demostrar un caso, será conveniente grabar en vídeo o audio las entrevistas. Independientemente de si esto se hace o no, debe llegarse a un acuerdo claro entre los investigadores y los miembros específicos de la comunidad sobre cómo se usará el testimonio. En muchos casos, si las pruebas de las comunidades pueden atribuírseles y se hacen públicas, esto podría presentar un riesgo considerable. Deben comprobarse las grabaciones de sonido sobre el terreno para garantizar que el testimonio pueda oírse claramente.

Incluso cuando en el testimonio no haya pruebas claras de ilegalidad, este puede ofrecer una visión convincente de las repercusiones perjudiciales que tiene la tala sobre las comunidades, lo cual puede usarse en las denuncias sin un componente legal.

Los empleados de las empresas son otra fuente de información descriptiva. Pero, por supuesto, el acercamiento a ellos debe hacerse con cautela. En algunos casos, es posible que durante el trabajo de campo los investigadores se encuentren de pronto conversando con los obreros en una situación de poco riesgo. Ellos pueden ofrecer una gran cantidad de información sobre las actividades de la empresa en la zona de aprovechamiento y sobre el destino de la madera aprovechada [véase el Estudio de caso 2]. En tales casos, podría ser necesario grabar el testimonio de forma encubierta [véase el Recurso: cómo grabar pruebas de forma encubierta].

Pruebas visuales georreferenciadas

El elemento fundamental del trabajo de campo es la capacidad de establecer con exactitud qué está pasando y dónde. El «qué» lo proporcionan las pruebas fotográficas y de vídeo. El «dónde» lo proporcionan los dispositivos de sistemas de posicionamiento global (GPS). Los dispositivos GPS determinan la ubicación del dispositivo usando señales de tres satélites o más. Muestran la ubicación en latitud y longitud, así como el grado de precisión. La precisión depende de varios factores pero, de media, estos dispositivos son precisos dentro de un margen de 15 metros.

Los dispositivos GPS son fáciles de usar con una capacitación mínima y, si se combinan con una cámara, pueden ofrecer pruebas irrefutables de lo que está pasando en una ubicación muy específica [véase el Recurso: GPS, fotografía y Open Data Kit]. La clave de una buena recopilación de datos consiste en asegurarse de que las fotos se tomen mostrando un dispositivo GPS. De lo contrario, los datos esencialmente se separan y pueden ser refutados. Hoy en día, algunas cámaras tienen un GPS incorporado y los teléfonos inteligentes también combinan ambas cosas en el mismo dispositivo. Este proceso de combinar imágenes y ubicación es fundamental para demostrar infracciones operativas, como la tala fuera de los límites de una concesión, el aprovechamiento de especies protegidas o la tala en las zonas incorrectas. Esto se ha utilizado con resultados demostrables en Camerún, que llevaron a un caso conforme al Reglamento de la Unión Europea relativo a la comercialización de la madera en los Países Bajos [véase el Estudio de caso 4].

Durante el trabajo de campo, los investigadores deben asegurarse de tomar fotografías de las infracciones confirmadas y otras posibles, así como de otra información que pudiera ser útil, como señales que identifiquen las empresas o a sus subcontratistas. Aparte de los dispositivos GPS, también puede ser útil incluir en la foto un vehículo, una persona o algún objeto a modo de escala, por ejemplo en una fotografía de un desprendimiento de tierras junto a una carretera o de un tocón de diámetro menor al permitido.

Los investigadores deben tener en cuenta que el uso de cámaras fotográficas y de vídeo llaman más la atención y, por lo tanto, pueden acarrear más riesgos [véase Recurso: mitigación de riesgos en el trabajo de campo].

Pasos siguientes

La madera se transporta desde las zonas de tala en camión y generalmente se agrupa en puntos de recopilación de troncos de la propia zona de aprovechamiento antes de su transporte posterior. Desde allí, la madera puede llevarse por carretera directamente a un aserradero o un puerto, pero lo más común es que se lleve al río navegable más cercano y posteriormente se transporte en barcazas o se deje flotar río abajo en almadía. En algunas regiones, los troncos se agrupan en las cabezas de línea y se transportan en tren. Si bien en algunas ocasiones igual es posible seguir físicamente los camiones para determinar su destino, generalmente deben usarse otros métodos para relacionar los troncos del punto de aprovechamiento con los del punto de procesamiento o exportación. En el pasado, se han usado con buenos resultados rastreadores GPS colocados en camiones, barcazas o troncos individuales para rastrear la madera por las etapas posteriores de la cadena de suministro a partir del punto de aprovechamiento [véase el Estudio de caso 8]. Además, suele ser posible establecer conexiones mediante la búsqueda de troncos con marcas identificativas pertinentes [véase el Recurso: marcas de troncos] en los aserraderos que están cerca o río abajo o que por otro motivo se crea probable que están usando la madera. En muchos casos, sin embargo, el rastreo de la madera tendrá que hacerse usando su rastro documental [véase el apartado 9].

Después del trabajo de campo

Dada la premura con la que suelen trabajar los investigadores sobre el terreno y el volumen de información que puede estar disponible, es fundamental llevar a cabo una buena gestión de los datos. Al volver de sus viajes sobre el terreno, lo normal es que un investigador tenga cientos de fotos, decenas de puntos GPS guardados en su dispositivo GPS, páginas y páginas de anotaciones y posiblemente grabaciones audiovisuales de entrevistas a las comunidades. Establecer un sistema para gestionar estos datos mientras se está sobre el terreno y procesarlos rápidamente después es fundamental para convertir los datos primarios en pruebas. La importancia de este proceso no debe subestimarse. Si un caso de tala ilegal llegara a los tribunales, los datos mal organizados y gestionados podrían no ser admisibles.

Una vez que las pruebas más importantes (como las imágenes digitales) se hayan registrado y copiado y se haya hecho una copia de seguridad, puede comenzar el análisis. Después del trabajo de campo pueden añadirse los datos georreferenciados de los que se disponga a los mapas existentes para presentar una imagen más clara de la ubicación del aprovechamiento. Aquí es donde Google Earth u otro software especializado de GIS demuestran ser más útiles que Global Forest Watch, ya que con ellos los datos GPS pueden descargarse y compararse con datos contextuales, particularmente los mapas de concesiones. Así pueden identificarse infracciones operativas como la tala fuera de los límites. Cuando las fotos así lo demuestran, deben contrastarse con datos GPS y guardarse en un formato que permita acceder fácilmente a las pruebas.

Las investigaciones llevadas a cabo por Greenpeace en Camerún demuestran lo efectivas que pueden ser estas simples superposiciones [véase el Estudio de caso 4]. Greenpeace empleó el mismo método incorporando otras técnicas más complejas para hacer un seguimiento de su investigación de la tala ilegal en el estado de Pará (Brasil). En ese caso, las pruebas se respaldaron con rastreadores GPS que se habían colocado en camiones de troncos, una herramienta que dio una oportunidad sin precedentes de conocer el blanqueo de especies de gran valor [véase el Estudio de caso 8].

Cómo atar cabos y dar los pasos siguientes

El ciclo de recopilar datos de permisos, analizar mapas y llevar a cabo trabajo de campo puede llevarse a cabo más de una vez y es posible que incluso sea necesario hacerlo para completar una serie de información que alcance el nivel de material probatorio. Cuando se han establecido pruebas claras o indicios razonables de ilegalidad, el siguiente paso consiste en determinar a dónde se lleva la madera desde el punto de aprovechamiento. En algunos casos, es posible que las pruebas sigan sin ser claras independientemente del alcance de las investigaciones en el punto de aprovechamiento. Esto ocurre especialmente cuando los autores son un gran número de personas aparentemente desorganizadas, que actúan independientemente, o cuando la madera se está blanqueando. También puede darse este caso cuando los niveles de transparencia hacen imposible obtener permisos y mapas o cuando los riesgos de seguridad o las dificultades logísticas prohíben investigaciones sobre el terreno exhaustivas.

En todos estos casos, avanzar río abajo e identificar el destino de la madera (ya sea mediante la observación o el rastreo físicos o siguiendo el rastro documental) ofrece una oportunidad nueva y diferente de investigar el comercio de madera ilegal. La madera puede aprovecharse legalmente pero convertirse en ilegal posteriormente, río abajo, por la infracción de otras normas que rigen su transporte, procesamiento y comercialización.